jueves, enero 04, 2007

¿Cómo se enseña Publicidad?... pintando el color del viento



Para ser publicista hay que averiguar por sí mismo que la estufa está caliente.

Fácil pregunta. Difícil respuesta. Estamos en un periodo en que muchos egresados de Cuarto Medio quieren estudiar Publicidad. A las instituciones de educación superior llegarán muchos alumnos convencidos que serán publicistas. Algunos llegarán hasta el final de la carera y otros morirán en el intento.

Estudiar Publicidad es como la guerra nuclear: no hay ganadores, solo sobrevivientes.

Hay tres tipos de alumnos: los “sólidos”, aquellos que tienen la pasta suficiente para ser publicistas, aquellos que desde chicos anduvieron inventando cosas, que les gustaba sacar fotos, grabar con la cámara de video, diseñar en el computador, escribir cuentos o poesías, hacer el diario mural del curso y participar de las actividades escolares, siempre creando. Los otros son los “líquidos”, quiénes en base esfuerzo y estudio logran convertirse en publicistas (los hinchapelotas) y finalmente los “gaseosos”, que estudian publicidad porque encuentran que “que es súper taquilla”, que no tienen condiciones y terminan de vendedores, telefonistas o haciendo cualquier cosa…si es que egresan.

Al entrar a la carrera se encuentran con tres tipos de profesores: “los teóricos de libro”, que suponen que hay que meterles harta materia en la cabeza de los jóvenes, que predican desde el púlpito y se creen “la muerte” sin haber trabajado nunca en publicidad; después están los “experimentados de renombre” (buenos para institución educacional) que trabajan en agencias de publicidad, pero que casi nunca tienen tiempo para los alumnos por sus múltiples ocupaciones, que se aparecen de vez en cuando (para eso está el ayudante) y entregan sus conocimientos por goteo en base, generalmente, a contar su “exitosa vida profesional” y finalmente, está el “inolvidable”, ése que los alumnos recuerdan para siempre, que es una mezcla de los dos anteriores, con conocimiento y experiencia, nunca reconocido en el aula por su nivel de exigencia, pero que con el tiempo y la madurez de los alumnos, es recordado como “el maestro”.

El “inolvidable” habitualmente enseña siendo tremendamente exigente con “sus alumnos”, porque sabe como es la vida del publicista, mucho esfuerzo y “algo” de inspiración. Es el que les quita el computador para que primero aprendan los conceptos, las estrategias y a ser muy creativos y les hace realizar los ejercicios mil veces, porque para él la publicidad se aprende “haciendo publicidad”. Tirándolos al agua para aprender a nadar en el turbulento mundo de la publicidad o haciéndolos entrar a la cancha a dominar la pelota de la creatividad.

Como habitualmente los alumnos escuchan pero no oyen, la mejor manera de enseñarles es haciéndolos manejar el “auto publicitario”. Esto funciona así, ahora maneja. La teoría publicitaria no es más que un análisis sistemático de la práctica y quién no es capaz de sistematizar la práctica, no puede ser un buen publicista. Estudiar publicidad, más que un quehacer, entraña un saber hacer. Toda vida de un publicista, excepto la más vacía, requiere que rompamos un borrador tras otro.

Una vez que los alumnos dominaron los conceptos, aprendieron lo que es la creatividad y son capaces de hacer estrategias, es el momento de hacer las cosas bonitas y usar el computador. Y no al revés como creen ellos que con la máquina tecnológica se hace todo. Sólo es una ayuda que facilita las cosas y las mejora.

Los pasos finales corresponden a enseñarles que los publicistas deben pensar, vestirse y parecer publicistas siempre, en su manera de ver las cosas y en su manera de ser. Parece muy “light” este comentario, pero un publicista no sólo vende ideas sino que se vende el mismo.

Para terminar, hay que enseñarles a ser emprendedores. A crear sus propias iniciativas comerciales y publicitarias, a ver lo que otros no ven, a llevar la bandera hasta el tope. Que nos les baste con ser empleados de una agencia como meta final.

En este mundo de la publicidad está bien que el alumno sepa a dónde quiere ir, pero otra cosa es llegar allá. Se enseña a un alumno a ser publicista pintando el color del viento.

Nadie ha completado su formación publicitaria mientras no haya aprendido a vivir con un problema insoluble...ser publicista. Esta es una profesión y no una ocupación, que se ejerce, en realidad, cuando se domina.

7 comentarios:

esteban lob dijo...

En pocas palabras, Herman, diste una "clase magistral" sobre la publicidad.
Felicitaciones.

Herman Bustos P. dijo...

Gracias por tus palabras Esteban. Esto mismo que "predico" en el blog es como enseñé a mis alumnos durante mucho tiempo. Pero ahora ninguna carrera de Publicidad se ha interesado en este publicista para que enseñe a sus alumnos. Asi es que las "clases magistrales", como tu dices, solo las dicto por este blog.
El que sabe sabe y el que no... Un abrazo.

Gustavo Santana dijo...

Casualmente en la búsqueda de información di con tu Blog, soy mexicano y doy clases de publicidad en mi país y no sabes lo mucho que me refleje en lo que aqui escribes. Es muy bueno e ilustrativo. Saludos

Herman Bustos dijo...

Hola Gustavo
Gracias por tus comentarios y espero que sigas leyendo este blog.
Saludos

MNL dijo...

el que sabe sabe, y el que no... es jefe (robado de una revista de humor)

salu2!

Fabian dijo...

soy publicista y quero ser profesor, creo que encontre en este texto inolvidable el camino que debo seguir para ser un maestro inolvidable, gracias imensas Herman,gracias de verdad

Herman Bustos dijo...

Fabián:
Gracias por tus palabras,palabras que justifican este blog. Espero que seas un gran profesor de publicidad. Si necesitas algo aqué estoy.
Saludos
Hermanm